Casi podriamos afirmar que el año llega a su fin. El puente democrático de la Inmaculada, que tanto bien hace a los que descansan de acueducto, este año se ha visto un tanto salpicado por el caos de los controladores. Ha sido un chasco mayúsculo para muchos; la herida tardará en cerrar, y la imagen, una vez más, ha sido la de improvisación. En gobierno flaco, todo son huel (pul)gas.
Llega el momento personal de hacer pequeño balance personal. Ha sido un año generoso que me ha dado todo aquello que pedí...solo queda esperar porque la vuelta de tuerca ha sido fuerte apostando por el master docente. El barco inicia su travesía y esto no ha hecho sino empezar. Espero que la tripulación no me falle y todos los compañer@s de viaje lleguemos a buen puerto. Renunciar a trabajar la jornada completa ha mitigado mi hastío, pero la decepción por el periodismo sigue ahí, incubando su fracaso de lo que pudo ser con 25 años y no será ya con 31.
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